Para el día del padre, hicimos una parrilla y ese día tenía tantas ganas de preparar todas las cremas que podía, hacer la mezcla para las carnes, no es por alucinarme la que cocina rico pero me salió de lujo, era la emoción de estar reunidos en familia, comí una nada, me quedé asqueada con tanta comida y tanta freidera el olor del carbón lo tenía por días, tenía un asco a las cremas hasta podía sentir todos los síntomas de una gastritis. Entonces pensé el poco descuido que tengo entre mis comidas me esta matando, mi obsesión por tener todo bien hecho me esta cobrando el vuelto que mi estúpida forma de ser no fue capaz de pagarle a tiempo, -en fin- decidí hacer mis dietas y mis preparados de sávila en ayunas para desinflamar aquello que estaba en proceso de heridas y hasta bacilos en el intestino me imaginaba, mi bello hígado graso que también se ha declarado en guerra conmigo y mis hábitos, en general toda yo, era un desorden.
Llegó julio y nuestro viaje llegaba, vacaciones de Francesco, me estaba recuperando de una gastritis alucinante, renuncié a mi trabajo el cual amaba porque era todo lo que le pedí a Dios para poder crecer profesionalmente y económicamente, fui a varios procesos de inclusión laboral y por alguna extraña razón llegaba al último filtro y de allí chau.
Llegó agosto y entre buenas cosas, tuve la pérdida de mi tío querido, no porque sea de mi sangre sino que fue aquella persona a quien quise mucho, por su amistad, cariño y entrega absoluta, no he podido superar que el aún no este con nosotros, pero al mismo tiempo mi gastritis se presentaba con locura y dejaría de ser gastritis para convertirse en una noticia muy buena, tenía 15 semanas de embarazo que era tan increíble, un mioma de la época del parto de Francesco que no dejaba medir al bebé y que pronto se iría.
Es así como llega Aitana a mi vida, luego de semejante noticia mi mundo cambió radicalmente empezaron hacerse presente las buenas noticias, conseguí un trabajo donde todo era más de lo que una persona puede pedir y Aitana crecía feliz, pasaron dos meses yo siempre sabía que tendría una niña, -es más- una temporada regalé todo lo de Francesco distribuido de la mejor manera, acto seguido mencioné no debe quedar nada porque mi segundo bebé será mujer. Y el instinto no falla a las 19 semanas se veía que eras mujer y te llamarías Aitana, mi guerrera ibérica, tan alta como las montañas más grandes y fuertes.
Pasamos por muchas cosas juntas y cuando pensaba que todo lo que me hicieron sufrir ¡no lo resistirías!, dudé de tus fuerzas y me enseñaste a ver que las dos éramos fuertes y que ningún mediocre con poco cerebro nos iba a destruir, no nos dejamos caer, sólo decidimos que era lo mejor descansar para que tu seas fuerte en mi, ¡Pero nunca derrotadas!, Siempre con la cara en alto, porque quien es honesta llega lejos.
Gracias hija por enseñarme que todo es bueno, que nunca baje la cabeza ante nadie por más daño que me hagan. Serás más grande que yo y llegarás arriba siempre.
Gracias hija por enseñarme que todo es bueno, que nunca baje la cabeza ante nadie por más daño que me hagan. Serás más grande que yo y llegarás arriba siempre.
TE AMO AITANA, GRACIAS POR ESCOGERME PARA SER TU MADRE.
Enero ya llega y con él tu hermosa y magnífica visita.
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